¡Ha llegado el momento de cambiar de método!

by intelligo on febrero 6, 2012

in estrategias

Hoy en día más que nunca la cuestión del rendimiento en el aprendizaje es algo que parece preocupar a todos. En nuestra época de estudiantes parecía más fácil estar sentados durante horas en una clase de más de cuarenta alumnos, mientras el profesor nos contaba las virtudes del pensamiento de Aristóteles, los misterios de las funciones cuadráticas y los incomprensibles recovecos de las oraciones subordinadas… Ahora no se sabe qué pasa, pero desde luego, ya no es lo mismo.

En una cuestión tan compleja como la que nos ocupa es evidente que están en juego innumerables factores. Ha cambiado tanto la sociedad y la familia y han cambiado tanto los valores y los principios que sustentan estos valores, que el panorama tiene que ser necesariamente muy distinto. Pero al margen de estas consideraciones más profundas no podemos negar una realidad que nuestros estudiantes no disimulan: el aburrimiento infinito que supone para ellos el 80% de las clases diarias.

Una posible clave: adaptarse a las combinaciones de aprendizaje de las nuevas generaciones.

¿Quién no recuerda aquellos días en los que los profesores nos traían a clase algunos experimentos? Todavía recuerdo la emoción que sentí cuando en la clase de química la profesora mezcló los líquidos incoloros de dos tubos de ensayo y la mezcla se puso azul. Yo tenía 14 años, ha llovido mucho desde aquel día, pero el recuerdo lo tengo grabado en mi memoria. ¡Aquello era magia pura! Llegué a casa emocionada. Pero ahora, ¿qué creéis que pasaría si repitiéramos el experimento en un aula de 3º de la E.S.O.? Nada de nada.

Nuestros chicos ya no son iguales a nosotros. Son capaces de gestionar sin pestañear 15 páginas web a la vez. Copian, pegan, hacen y deshacen con una velocidad con la que, tenemos que admitirlo, no podemos competir. Están acostumbrados a la continua agresión de los medios, a películas que mantienen la acción y la tensión durante horas, a videojuegos con niveles de violencia extremos, a impactos publicitarios cada vez más fuertes… Ya no somos los mismos. Y cuanto más tarde el sistema educativo en darse cuenta de esta realidad, cuanto más tarde en despertar del sueño en el que podemos enseñar de la misma forma que hace treinta años, peor panorama tendremos.

Pero hay que ser optimistas. Los sistemas para aprender y para enseñar evolucionan. Ahora mismo existen métodos que se adaptan a las nuevas combinaciones de aprendizaje de los estudiantes, mucho más globales y kinestésicos que nosotros, métodos que utilizan toda la creatividad y la potencia de las nuevas generaciones para aprender, que superan las ya obsoletas técnicas de estudio tradicionales, que sólo consiguen matar de aburrimiento a nuestros niños. ¿Cuánto tardarán estas metodologías en ser incorporadas al sistema educativo? Nadie lo sabe. Por el momento la solución sigue siendo individual.

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