¿Cómo valorar un curso de Lectura Rápida?

by Thais Pujol on junio 20, 2014

in estrategias

Como normalmente no tenéis referencias acerca de cómo valorar lo que os proponen las diferentes escuelas de Lectura Rápida, y últimamente florecen los cursos de todo tipo (a veces a precios exagerados), aquí os damos algunas pistas para que os podáis ubicar y para que podáis escoger de manera acertada.

En general, un buen curso de Lectura Rápida debe trabajar en tres niveles. Un primer nivel que corresponde al entrenamiento visual, un segundo nivel correspondiente a la comprensión y un tercer nivel correspondiente a la retención.

1. Entrenamiento visual.

Es el punto fuerte de las escuelas de Lectura Rápida. En casi todas podéis encontrar herramientas muy variadas, entre ellas numerosos programas de ordenador.

El objetivo del entrenamiento visual es captar más información con un solo golpe de vista. Pensad que un lector normal da un golpe de vista por palabra, mientras que un lector avanzado capta las ideas completas en un solo golpe de vista.

Hay escuelas (y autores) que no recomiendan el uso de una guía para el entrenamiento visual. Otros que proponen automatizar primero el uso de la guía para “enseñar a moverse a los ojos”. Para nosotros, esta última opción es la adecuada, ya que, una vez automatizado el uso de la guía, se puede aumentar muy rápidamente la velocidad de la lectura.

2. Comprensión.

Es uno de los puntos más débiles de las escuelas de Lectura Rápida. Algunas ni siquiera trabajan la comprensión como tal. Otras preparan cinco preguntas de cada texto (cada pregunta corresponde al 20% de comprensión) y así valoran si el alumno ha comprendido. Otras entienden que comprender la lectura es comprender las palabras.

Para nosotros, el enfoque adecuado es el enfoque de la lectura estructural, que es una habilidad que requiere una inversión de tiempo aprender y automatizar. El resultado de haber adquirido esta habilidad es quedarse con toda la estructura de ideas principales y secundarias al terminar de leer. Para ello, el alumno debe “aprender a leer” cada estructura por separado, y luego entrenar con las combinaciones de estructuras, que son prácticamente infinitas. Sin este trabajo, desde nuestro punto de vista, la comprensión no es real, y la retención se resiente mucho.

3. Retención.

La mayoría de escuelas de Lectura Rápida trabajan la retención con técnicas de memoria tradicionales. Por ejemplo, proponen al alumno escoger una palabra clave de cada párrafo y memorizar la lista de palabras resultante con el sistema de enlace o con cualquier otro sistema.

Este enfoque presenta numerosos inconvenientes. Entre ellos, el más importante es que no por tener una palabra clave de un párrafo ya se sabe cuál es la idea principal y las secundarias, ni mucho menos. Y esto es aún más difícil si el alumno lee como si toda la información fuera “del mismo tipo”.

La verdadera retención a largo plazo se trabaja en tres momentos diferentes. Un primer momento en el que se fija la estructura de contenido, un segundo momento en el que se “atornillan” las ideas principales según la combinación de aprendizaje específica del alumno, y un tercer momento en el que se aplican técnicas específicas para memorizar a largo plazo. Sin esos pasos se olvida sin remedio, lo que no tiene importancia si estamos leyendo una novela, pero puede ser letal si estamos estudiando para una oposición.

En resumen, cuando vayáis a contratar un curso de Lectura Rápida tenéis que preguntar en qué niveles trabajan, cómo afrontan la comprensión y la retención, y así tendréis una idea de la calidad de lo que os ofrecen y podréis comparar.

Por último, desconfiad de las recetas universales. No hay “métodos definitivos”. Las técnicas que funcionan a unos alumnos no funcionan para otros, y eso es algo que todos los que nos dedicamos desde hace años a enseñar la lectura rápida hemos comprobado mil veces. Por tanto, el método óptimo es personal y cada uno tiene que encontrarlo… desde luego, con la ayuda adecuada.

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